Té con piernas

Texto e ilustración por el Bicho Maldito
En lo que se refiere a mi debilidad por los “cafés con piernas”, me declaro culpable de todos los cargos. Si voy de paso por el centro de Santiago es casi seguro que haré escala en alguno de estos boliches, donde lo principal es distraer la vista con esas mujeres que atienden prácticamente desnudas o en trajes tan ceñidos que parecen pintados sobre la piel. Que yo sepa, nadie entra a un café con piernas por cosa de sed. Tal vez lo del brebaje sea simple excusa para entrar a mirar; pero es que a veces me han servido algo tan malo que llego a pensar que la chica está ahí, vestida – o desvestida – de esa forma precisamente para forzar a que el cliente pague su consumo sin reclamar. ¿Y sabes algo? Les da resultado.
Yo soy de los que, contraviniendo el nombre mismo del rubro, piden té en lugar de café (para quienes lo ignoren, en un café con piernas puedes pedir café, té, jugo o bebida y luego escoges a una chica para que te lo sirva; digo, el brebaje). Detesto el café por 2 razones: pone nervioso y deja un aliento imposible, así que voy y pido a mi sirena de turno (por regla, la más dotada de cola y caderas) un té. Fiel al protocolo, ella ofrece 3 variedades: “puro, canela o limón”. Y como cliente y mesera sabemos que no estamos acá para satisfacer a paladares exigentes, digo: “dale, tráeme cualquiera, pero no muy hirviente, ¿quieres?”. Si la chica pensó que el líquido iba a tomar mi papel en esta película, está muy equivocada. Aquí el caliente soy yo.
Mientras sale el caldo de bruja, number one aprovecha para estudiar el entorno con dos cucharadas de descaro por una de curiosidad. El sitio oscuro, tapizado de espejos, luces fluorescentes y reggaeton a más no poder es una fiesta en pleno día y todo el santo día. En cuanto a los parroquianos, me pregunto: ¿De dónde sale tanto baboso, ocioso y caliente, incluido yo mismo? ¡Hay que ver! En eso estoy, cuando pasa frente a mí otra chica con aun mejor pinta, si es posible, y lamento no haberla escogido. Su compañera ya tomó mi pedido, así que me resigno (dato: con la que te atiende conversas e incluso la acaricias; a las otras solo resta mirarlas. Y bueno, siempre puedes regresar al día siguiente). Pronto llega mi té, o como se llame aquello dentro de la taza. “¿Azúcar o sacarina?”, pregunta en tono sexy la mesera, echando encima su par de argumentos. No está nada mal, pero que nada mal. Si tan solo el té fuera igual de bueno. En fin: esto es un café con piernas, no una tetería. Aquí saboreas con los ojos en vez de la lengua, y créeme cuando digo que más vale disfrutarlo, porque por amargo que sepa el té, igual tendrás que dejar propina. ¿No quería ver a la nena, el perla?
Conste que yo me lo he buscado. Y no tengo intenciones de abandonar la costumbre. ¡Salud!
Si quieres seguir leyendo al Bicho Maldito mientras tomas un té, contemplando sus maravillosas ilustraciones sigue este link: bichomaldito.blogspot.com

en mi vida he entrado a uno… pero después de leer ésto, ganas sobran, siempre, con té.
Mira tu… cada día aprendo cosas nuevas de ti…
Siempre sorprendiendo el bicho..Y yo que lo veía tan compuestito en Lastarria…
jajaajajaja, aparte de maldito es califa :P
saluditos, amantes del té, me acabo de tomar una tacita x)
tetería…!!!
jajajajaja
Hola bicho : debilidad por el café con piernas.Aquí algunos dibujos
http://www.huemulin.cl/originales_pepe_antartico.html
Ta muy bueno el mono maestro. Un saludo compadre.
Siempre puras felicitaciones, que siga el buen laburo.