Rincones con alma
Es triste pensar en la cantidad de tradiciones que van muriendo en nuestras culturas por la llegada de “nuevas tendencias” y la dictadura de la vida apurada, donde el stress es cool y te hace sentir importante, donde no hay tiempo para nosotros mismos ni mucho menos para valorar los pequeños detalles.
Yo apendí a tomar té en la cocina de mi casa, en compañia de dulcesitos y mi marraqueta a la hora de onces, cuando hacías un alto como a las 5 – 6 de la tarde (antes no se llamaba break) entre hacer las tareas del colegio para disfrutar de esta merienda y aprovechar de compartir con quien estuviera en la casa. Ahora no tomamos onces, ahora hacemos un break para tomar un café en medio de nuestra agitada agenda.
Hace poco estuve leyendo un blog donde su autor se quejaba de la invasión extraterrestre del café Starbucks en España donde hay una rica producción de dulces y masitas, donde tienen su propio sabor del café y donde toman el té por influencia árabe. En países como Francia, Italia y España la cultura del café siempre ha estado asociada a la pausa, descanso o conversación, que nada tiene que ver con el modelo americano del fast-coffee. Además el café típico americano es el café largo y en Europa es el corto.
¿Porqué seremos tan indiferentes cuando vemos morir esas tradiciones, sabores y rincones con alma impregnados de nuestra cultura e historia? Es la misma pregunta que se hizo Paul Kelly, el director de estos pequeños cortometrajes que hablan de la sustitución de los viejos cafés-teterías londinenses por las nuevas franquicias multinacionales.

Me dio pena el documental, demasiado bien hecho… muy sentimental.